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Puente de la Barra: Símbolo de Punta del Este


Símbolo de la ciudad, creció con ella en silencio y se convirtió en una leyenda de hormigón. Pero al principio supo de soledades, pueblos perdidos y balsas lentas. Al puente le cantó el poeta Pablo Neruda y hoy es el paso obligado del progreso que no se detiene hacia el Este. Una porción de Punta del Este ya no es un sueño inalcanzable.

Lleva la ciudad sobre su espalda.  Literalmente, la lleva. Literalmente, une los territorios esteños con esa ondulación conocida y, no por eso, menos sorprendente. Con esa grandeza de quienes saben cumplir con su destino. El puente de La Barra de Maldonado no es sólo un puente. Se trata del símbolo de Punta del Este: su emblema y su lema. Creció al calor del pujante devenir de la ciudad. Se hizo grande y mundialmente conocido junto con ella, al punto que es imposible hoy pensar al uno sin el otro. Sin embargo, hubo un tiempo en que no hubo puente. Hubo un tiempo de balsa cruzando las aguas y de pueblito perdido y de silencio.
Hasta poco antes más de 1930, para llegar a las costas oceánicas ubicadas al este de la desembocadura del arroyo Maldonado se cruzaba su barra por balsa. La falta de un puente sólido se extendió hasta 1929. Fue en ese momento, durante la presidencia de Dr Baltasar Brum, que se ordenó construir un puente de hormigón por el que llegaron a La Barra los primeros contingentes de turistas argentinos que se enamoraban del lugar. Y recién en 1934 se construyó el primer puente de madera sobre el arroyo Maldonado. Poco a poco, la barra se fue poblando, poco a poco, quedaron en la memoria las pequeñas edificaciones de la zona, propiedades de algunas familias de San Carlos, que como visionarios pioneros, optaron por tener su casa de verano en “La Barra” adonde accedían por tierra desde el norte. Pero el primer puente de hormigón no duró mucho. Por años, sólo sobrevivió un angosto puente de madera cuyos tablones crujían al paso de los autos, que debían cruzar de a uno y simultáneamente no lo podían hacer en ambos sentidos
Una ondulación, si se quiere, en el progreso de la zona.
Una ondulación, igual a las de los actuales puentes. Sin embargo, de un modo casi imperceptible, las grandes extensiones de arena se fueron achicando, los médanos con pereza dieron paso a las nuevas casas. Y en la década del 60, la idea del puente emblemático fue tomando su forma.
Ocurrió luego de una visita que realizó el presidente del Consejo de Gobierno Eduardo Víctor Haedo junto con el poeta chileno Pablo Neruda. El político uruguayo encontró el nombre de un arquitecto que daría vida y, sobre todo ,estilo al nuevo puente, Leonel Viera.
Selva Santurión y Miguel Quenón, directores del museo Paseo de Neruda, exhiben los tesoros de su paso por Uruguay, pneruda@adinet.com.uy.
La fuerza en las formas del puente original hicieron que, más allá de los criterios de ingenieros de vialidad, al momento de resolverse la construcción de un segundo puente paralelo, sólo se reprodujera, con otra tecnología, el famoso puente ondulado. Y desde fines de 1999 ambos conviven plenos de curvas. La necesidad de este segundo puente no fue casual: el crecimiento de Punta del Este en general y de La Barra en particular fue el motivo que determinó su creación. Porque los puentes de La Barra son los centinelas mudos que guardan la historia de la ciudad. Son los testigos privilegiados de esa zona esteña a la que hace menos de un siglo se accedía en balsa y hoy posee casas de varios millónes de dólares y tiene entre sus vecinos veraneantes a reconodidos empresarios internacionales como Ralph Lauren, Luciano Benetton y Jorge Pérez. Como Punta del Este, el puente de La Barra creció hasta convertirse en una leyenda. Como Punta del Este, es una mezcla perfecta de estética, armonía y buen gusto.
Al puente ondulado le cantó el poeta chileno Pablo Neruda. Y cuando fue necesario construir un segundo puente, la fuerza de las formas del primero impidió que el diseño fuera otro. Hoy, los dos puentes paralelos son uno de los grandes símbolos de la pujante ciudad de Punta del Este.
“Lo canto,
porque no una pirámide
de obsidiana sangrienta,
ni una vacía cúpula sin dioses,
ni un monumento inútil de guerreros
se cumuló sobre la luz del río
sino este puente que hace honor al agua
ya que la ondulación de su grandeza
une dos soledades separadas
y no pretende ser sino un camino.”
Fuente: Anuario Coleccionable Punta del Este Internacional
www.puntadelesteinternacional.com
A ponte de La Barra , Simbolo de Punta del Este

Símbolo da cidade cresceu com ela em silencio e se converteu numa lenda de concreto.. Mais ao principio soube de solidão, povos perdidos e balsas lentas. À ponte lhe cantou o poeta Pablo Neruda e hoje é o passo obrigado do progresso que não se detém ao leste.
Leva a cidade sob suas costas. Literalmente a leva. Literalmente une os territórios do leste com essa ondulação conhecida e, não por isso, menos surpreendente. Com essa grandeza de quem sabe cumprir com seu destino. A ponte de La Barra de Maldonado não é só uma ponte. Trata se do símbolo de Punta del Este: seu emblema e seu lema.
Cresceu ao calor da pujante devir da cidade. Fez-se grande e mundialmente conhecido junto com ela, ao ponto que é impossível hoje pensar ao um sem o outro. Mesmo assim, houve tempo que não houve ponte. Houve um tempo de balsa cruzando as águas e de povoado perdido e de silencio. Até pouco mais de 1930, para chegar às costas oceânicas localizadas ao leste da desembocadura do arroio Maldonado se atravessava sua barra por balsa. A falta duma ponte sólida estendeu se até 1929. Foi neste momento, durante a presidência do Dr. Baltasar Brum, que ordenou construir uma ponte de concreto pelo que chegaram a La Barra os primeiros contingentes de turistas argentinos que apaixonavam se pelo lugar. E só em 1934 se construiu a primeira ponte de madeira sobre o arroio Maldonado. Pouco a pouco La Barra foi se povoando, pouco a pouco ficou na memória as pequenas edificações da zona, propriedade de algumas famílias de San Carlos, que como visionários pioneiros,
optaram por ter sua casa de verão em “La Barra” a onde acessavam por terra desde o norte. Pero a primeira ponte de concreto não durou muito. Por anos só sobreviveu um estreito ponte de madeira cujas tabelas rangiam ao passo dos autos, que deviam se atravessar de um em um e simultaneamente não o podiam fazer em ambos os sentidos.
Uma ondulação, si quiser, no progresso da zona. Uma ondulação, igual às das atuais pontes. Embora, de um jeito quase imperceptível, as grandes extensões de areia foram diminuindo, as dunas com preguiça deram passo às novas casas. E na década dos 60, a idéia da ponte emblemática foi tomando sua forma.
Ocorreu logo de uma visita que realizou o presidente do Consejo de Gobierno Eduardo Víctor Haedo junto com o poeta chileno Pablo Neruda. O político uruguaio encontrou o nome de um arquiteto que daria vida e sobre tudo estilo à nova ponte, Leonel Viera. Selva Santurión e Miguel Quenón diretores do museu Paseo de Neruda, exibem os tesouros de seu passo pelo Uruguay, pneruda@adinet.com.uy.
A força nas formas da ponte original fez que, além dos critérios de engenheiros rodoviários, ao momento de resolver se a construção de uma segunda ponte paralela, só se reproduzira, com outra tecnologia, a famosa ponte ondulada. E desde fim de 1999 ambas convivem plenas de curvas. A necessidade desta segunda ponte não foi casual: o desenvolvimento de Punta del Este em geral e de La Barra em particular foi o motivo que determinou sua criação. É que as pontes de La Barra são as sentinelas mudas que guardam a história da cidade.
São as testemunhas privilegiadas desta zona do leste à que faz menos de um século só tinha se acesso de balsa e hoje possui casas de milhões de dólares e tem entre seus vizinhos de verão a reconhecidos empresários internacionais como Ralph Lauren, Luciano Benetton e Jorge Perez.
Como Punta del Este, a ponte de La Barra cresceu até converter se numa lenda. Como Punta del Este, é uma mistura perfeita de estética, harmonia e bom gosto.
À ponte ondulada lhe cantou o poeta chileno Pablo Neruda. E quando foi necessário construir uma segunda ponte, a força das formas do primeiro impediu que o desenho fosse outro. Hoje as duas pontes paralelas, são um dos grandes símbolos da pujante cidade de Punta del Este.
“O canto,
porque não uma pirâmide
de obsidiana sangrenta,
nem uma esvazia cúpula sem deuses,
nem um monumento inútil de guerreiros
acumulou-se sob a luz do rio
senão esta ponte que faz honor à água
já que a ondulação de sua grandeza
une duas solidões separadas
e não pretende ser senão um caminho.”
www.puntadelesteinternacional.com

The Barra Bridge, A symbol of Punta del Este

A symbol of the city, it grew with it in silence and became a concrete legend. But at the beginning it knew the meaning of solitude, lost towns and slow rafts. The poet Pablo Neruda sang to the bridge and today it is a necessary crossing point for the relentless progress on the way eastwards.
It carries the city on its back. Literally carries it. It literally joins one of the east’s zones with the concrete undulation which is so well-known yet no less surprising for that. It has the grandeur of those who know how to fulfill their destiny.
Maldonado’s La Barra bridge is not just a bridge. It’s a symbol of Punta del Este: its emblem and motto. It grew in the heat of the city’s energetic future. Together with the city it grew in size gaining worldwide renown to the extent that it’s impossible to think of one without thinking of the other now. However, there was a time when there was no bridge. There was a time of raft-crossed water and a lost village and silence. Till shortly after 1930, to reach the ocean shores lying east of the mouth of the Maldonado stream, you crossed by raft. The absence of a solid bridge extended into1929. It was then, during Dr. Baltasar Brum’s presidency, that the construction of a concrete bridge was ordered and the first groups of Argentinian tourists enamoured of the place reached La Barra. Not until 1934 was the first wooden bridge over the Maldonado stream built. Little by little the Barra grew in population, little by little the area’s small buildings were relegated to memory, the property of a few San Carlos families who, like pioneering visionaries, chose to have a summer home at “La Barra” which they reached by land from the north.
But the first concrete bridge didn’t last long. For years the only survivor was a narrow wooden bridge whose boards creaked under the passage of cars which had to cross one at a time, unable to do so simultaneously in both directions. An undulation if you like in the area’s progress. An undulation, just like the present bridges. Yet the great expanses of sand shrank almost imperceptibly, and the dunes lazily gave way to new houses. And in the 60s, the idea of the emblematic bridge gradually took shape, kicking off after a visit made by the president of the Council of Government Eduardo Víctor Haedo together with the Chilean poet, Pablo Neruda. The Uruguayan politician found the name of an architect who would give life and, above all, style to the new bridge, Leonel Viera. Selva Santurión and Miguel Quenón directors of the Paseo de Neruda museum, show off the treasures of his passing through Uruguay, pneruda@adinet.com.uy.
The strength in the shape of the original bridge determined that, notwithstanding the criteria of highway engineers, when it came time to decide on the construction of a second parallel bridge, they just reproduced, with new technology, the famous undulating bridge. And from the end of 1999 onwards both have lived side by side full of curves.
The need for this second bridge was not fortuitous: the growth of Punta del Este in general and of La Barra in particular motivated its building. For the twin La Barra bridges are mute sentinels that guard the history of the city. They are privileged witnesses to this area of Punta where less than a century ago you’d have arrived by raft and which now boasts more than several million dollar houses with famous international businessmen like Ralph Lauren, Luciano Benetton and Jorge Perez among its summertime neighbours. Like Punta del Este, La Barra bridge has grown into a legend. Like Punta del Este it’s a perfect blend of aesthetics, harmony and good taste.
The Chilean poet Pablo Neruda sang to this bridge. And when it was necessary to build a second bridge, the strength of the first bridge’s shapes stopped the design from being any different. Today the two parallel bridges are one of the great symbols of the bustling city of Punta del Este.
“I sing of it,
because here is no pyramid
of bloody obsidian,
nor empty godless dome,
nor futile warrior monument
piled up on the light of the river
but this bridge which honours the water
through its grand undulation
joining two separate solitudes
and asking only to be a road.”

Símbolo de la ciudad, creció con ella en silencio y se convirtió en una leyenda de hormigón. Pero al principio supo de soledades, pueblos perdidos y balsas lentas. Al puente le cantó el poeta Pablo Neruda y hoy es el paso obligado del progreso que no se detiene hacia el Este. Una porción de Punta del Este ya no es un sueño inalcanzable. Lleva la ciudad sobre su espalda.  Literalmente, la lleva. Literalmente, une los territorios esteños con esa ondulación conocida y, no por eso, menos sorprendente. Con esa grandeza de quienes saben cumplir con su destino. El puente de La Barra de Maldonado no es sólo un puente. Se trata del símbolo de Punta del Este: su emblema y su lema. Creció al calor del pujante devenir de la ciudad. Se hizo grande y mundialmente conocido junto con ella, al punto que es imposible hoy pensar al uno sin el otro. Sin embargo, hubo un tiempo en que no hubo puente. Hubo un tiempo de balsa cruzando las aguas y de pueblito perdido y de silencio. Hasta poco antes más de 1930, para llegar a las costas oceánicas ubicadas al este de la desembocadura del arroyo Maldonado se cruzaba su barra por balsa. La falta de un puente sólido se extendió hasta 1929. Fue en ese momento, durante la presidencia de Dr Baltasar Brum, que se ordenó construir un puente de hormigón por el que llegaron a La Barra los primeros contingentes de turistas argentinos que se enamoraban del lugar. Y recién en 1934 se construyó el primer puente de madera sobre el arroyo Maldonado. Poco a poco, la barra se fue poblando, poco a poco, quedaron en la memoria las pequeñas edificaciones de la zona, propiedades de algunas familias de San Carlos, que como visionarios pioneros, optaron por tener su casa de verano en “La Barra” adonde accedían por tierra desde el norte. Pero el primer puente de hormigón no duró mucho. Por años, sólo sobrevivió un angosto puente de madera cuyos tablones crujían al paso de los autos, que debían cruzar de a uno y simultáneamente no lo podían hacer en ambos sentidosUna ondulación, si se quiere, en el progreso de la zona.  Una ondulación, igual a las de los actuales puentes. Sin embargo, de un modo casi imperceptible, las grandes extensiones de arena se fueron achicando, los médanos con pereza dieron paso a las nuevas casas. Y en la década del 60, la idea del puente emblemático fue tomando su forma. Ocurrió luego de una visita que realizó el presidente del Consejo de Gobierno Eduardo Víctor Haedo junto con el poeta chileno Pablo Neruda. El político uruguayo encontró el nombre de un arquitecto que daría vida y, sobre todo ,estilo al nuevo puente, Leonel Viera.   Selva Santurión y Miguel Quenón, directores del museo Paseo de Neruda, exhiben los tesoros de su paso por Uruguay, pneruda@adinet.com.uy. La fuerza en las formas del puente original hicieron que, más allá de los criterios de ingenieros de vialidad, al momento de resolverse la construcción de un segundo puente paralelo, sólo se reprodujera, con otra tecnología, el famoso puente ondulado. Y desde fines de 1999 ambos conviven plenos de curvas. La necesidad de este segundo puente no fue casual: el crecimiento de Punta del Este en general y de La Barra en particular fue el motivo que determinó su creación. Porque los puentes de La Barra son los centinelas mudos que guardan la historia de la ciudad. Son los testigos privilegiados de esa zona esteña a la que hace menos de un siglo se accedía en balsa y hoy posee casas de varios millónes de dólares y tiene entre sus vecinos veraneantes a reconodidos empresarios internacionales como Ralph Lauren, Luciano Benetton y Jorge Pérez. Como Punta del Este, el puente de La Barra creció hasta convertirse en una leyenda. Como Punta del Este, es una mezcla perfecta de estética, armonía y buen gusto.   Al puente ondulado le cantó el poeta chileno Pablo Neruda. Y cuando fue necesario construir un segundo puente, la fuerza de las formas del primero impidió que el diseño fuera otro. Hoy, los dos puentes paralelos son uno de los grandes símbolos de la pujante ciudad de Punta del Este. “Lo canto,porque no una pirámidede obsidiana sangrienta,ni una vacía cúpula sin dioses,ni un monumento inútil de guerrerosse cumuló sobre la luz del ríosino este puente que hace honor al aguaya que la ondulación de su grandezaune dos soledades separadasy no pretende ser sino un camino.”  Fuente: Anuario Coleccionable Punta del Este Internacionalwww.puntadelesteinternacional.com  A ponte de La Barra , Simbolo de Punta del Este
Símbolo da cidade cresceu com ela em silencio e se converteu numa lenda de concreto.. Mais ao principio soube de solidão, povos perdidos e balsas lentas. À ponte lhe cantou o poeta Pablo Neruda e hoje é o passo obrigado do progresso que não se detém ao leste.
Leva a cidade sob suas costas. Literalmente a leva. Literalmente une os territórios do leste com essa ondulação conhecida e, não por isso, menos surpreendente. Com essa grandeza de quem sabe cumprir com seu destino. A ponte de La Barra de Maldonado não é só uma ponte. Trata se do símbolo de Punta del Este: seu emblema e seu lema.Cresceu ao calor da pujante devir da cidade. Fez-se grande e mundialmente conhecido junto com ela, ao ponto que é impossível hoje pensar ao um sem o outro. Mesmo assim, houve tempo que não houve ponte. Houve um tempo de balsa cruzando as águas e de povoado perdido e de silencio. Até pouco mais de 1930, para chegar às costas oceânicas localizadas ao leste da desembocadura do arroio Maldonado se atravessava sua barra por balsa. A falta duma ponte sólida estendeu se até 1929. Foi neste momento, durante a presidência do Dr. Baltasar Brum, que ordenou construir uma ponte de concreto pelo que chegaram a La Barra os primeiros contingentes de turistas argentinos que apaixonavam se pelo lugar. E só em 1934 se construiu a primeira ponte de madeira sobre o arroio Maldonado. Pouco a pouco La Barra foi se povoando, pouco a pouco ficou na memória as pequenas edificações da zona, propriedade de algumas famílias de San Carlos, que como visionários pioneiros,optaram por ter sua casa de verão em “La Barra” a onde acessavam por terra desde o norte. Pero a primeira ponte de concreto não durou muito. Por anos só sobreviveu um estreito ponte de madeira cujas tabelas rangiam ao passo dos autos, que deviam se atravessar de um em um e simultaneamente não o podiam fazer em ambos os sentidos.
Uma ondulação, si quiser, no progresso da zona. Uma ondulação, igual às das atuais pontes. Embora, de um jeito quase imperceptível, as grandes extensões de areia foram diminuindo, as dunas com preguiça deram passo às novas casas. E na década dos 60, a idéia da ponte emblemática foi tomando sua forma.
Ocorreu logo de uma visita que realizou o presidente do Consejo de Gobierno Eduardo Víctor Haedo junto com o poeta chileno Pablo Neruda. O político uruguaio encontrou o nome de um arquiteto que daria vida e sobre tudo estilo à nova ponte, Leonel Viera. Selva Santurión e Miguel Quenón diretores do museu Paseo de Neruda, exibem os tesouros de seu passo pelo Uruguay, pneruda@adinet.com.uy.
A força nas formas da ponte original fez que, além dos critérios de engenheiros rodoviários, ao momento de resolver se a construção de uma segunda ponte paralela, só se reproduzira, com outra tecnologia, a famosa ponte ondulada. E desde fim de 1999 ambas convivem plenas de curvas. A necessidade desta segunda ponte não foi casual: o desenvolvimento de Punta del Este em geral e de La Barra em particular foi o motivo que determinou sua criação. É que as pontes de La Barra são as sentinelas mudas que guardam a história da cidade.
São as testemunhas privilegiadas desta zona do leste à que faz menos de um século só tinha se acesso de balsa e hoje possui casas de milhões de dólares e tem entre seus vizinhos de verão a reconhecidos empresários internacionais como Ralph Lauren, Luciano Benetton e Jorge Perez.
Como Punta del Este, a ponte de La Barra cresceu até converter se numa lenda. Como Punta del Este, é uma mistura perfeita de estética, harmonia e bom gosto.
À ponte ondulada lhe cantou o poeta chileno Pablo Neruda. E quando foi necessário construir uma segunda ponte, a força das formas do primeiro impediu que o desenho fosse outro. Hoje as duas pontes paralelas, são um dos grandes símbolos da pujante cidade de Punta del Este.
“O canto,porque não uma pirâmidede obsidiana sangrenta,nem uma esvazia cúpula sem deuses,nem um monumento inútil de guerreirosacumulou-se sob a luz do riosenão esta ponte que faz honor à águajá que a ondulação de sua grandezaune duas solidões separadase não pretende ser senão um caminho.”   www.puntadelesteinternacional.com The Barra Bridge, A symbol of Punta del Este A symbol of the city, it grew with it in silence and became a concrete legend. But at the beginning it knew the meaning of solitude, lost towns and slow rafts. The poet Pablo Neruda sang to the bridge and today it is a necessary crossing point for the relentless progress on the way eastwards.
It carries the city on its back. Literally carries it. It literally joins one of the east’s zones with the concrete undulation which is so well-known yet no less surprising for that. It has the grandeur of those who know how to fulfill their destiny.
Maldonado’s La Barra bridge is not just a bridge. It’s a symbol of Punta del Este: its emblem and motto. It grew in the heat of the city’s energetic future. Together with the city it grew in size gaining worldwide renown to the extent that it’s impossible to think of one without thinking of the other now. However, there was a time when there was no bridge. There was a time of raft-crossed water and a lost village and silence. Till shortly after 1930, to reach the ocean shores lying east of the mouth of the Maldonado stream, you crossed by raft. The absence of a solid bridge extended into1929. It was then, during Dr. Baltasar Brum’s presidency, that the construction of a concrete bridge was ordered and the first groups of Argentinian tourists enamoured of the place reached La Barra. Not until 1934 was the first wooden bridge over the Maldonado stream built. Little by little the Barra grew in population, little by little the area’s small buildings were relegated to memory, the property of a few San Carlos families who, like pioneering visionaries, chose to have a summer home at “La Barra” which they reached by land from the north.
But the first concrete bridge didn’t last long. For years the only survivor was a narrow wooden bridge whose boards creaked under the passage of cars which had to cross one at a time, unable to do so simultaneously in both directions. An undulation if you like in the area’s progress. An undulation, just like the present bridges. Yet the great expanses of sand shrank almost imperceptibly, and the dunes lazily gave way to new houses. And in the 60s, the idea of the emblematic bridge gradually took shape, kicking off after a visit made by the president of the Council of Government Eduardo Víctor Haedo together with the Chilean poet, Pablo Neruda. The Uruguayan politician found the name of an architect who would give life and, above all, style to the new bridge, Leonel Viera. Selva Santurión and Miguel Quenón directors of the Paseo de Neruda museum, show off the treasures of his passing through Uruguay, pneruda@adinet.com.uy.
The strength in the shape of the original bridge determined that, notwithstanding the criteria of highway engineers, when it came time to decide on the construction of a second parallel bridge, they just reproduced, with new technology, the famous undulating bridge. And from the end of 1999 onwards both have lived side by side full of curves.
The need for this second bridge was not fortuitous: the growth of Punta del Este in general and of La Barra in particular motivated its building. For the twin La Barra bridges are mute sentinels that guard the history of the city. They are privileged witnesses to this area of Punta where less than a century ago you’d have arrived by raft and which now boasts more than several million dollar houses with famous international businessmen like Ralph Lauren, Luciano Benetton and Jorge Perez among its summertime neighbours. Like Punta del Este, La Barra bridge has grown into a legend. Like Punta del Este it’s a perfect blend of aesthetics, harmony and good taste.
The Chilean poet Pablo Neruda sang to this bridge. And when it was necessary to build a second bridge, the strength of the first bridge’s shapes stopped the design from being any different. Today the two parallel bridges are one of the great symbols of the bustling city of Punta del Este.
“I sing of it,because here is no pyramidof bloody obsidian,nor empty godless dome,nor futile warrior monumentpiled up on the light of the riverbut this bridge which honours the waterthrough its grand undulationjoining two separate solitudesand asking only to be a road.”

Filed under : Destacados, Historia, La Barra

Los años locos de “Las Grutas”


Corrían los años 60 y el mundo vivía una ebullición hasta entonces pocas veces vista. Todo estaba cambiando y todo debía ser cambiado. En Punta del Este, la vanguardia también observaba con detenimiento la ciudad, sus formas, sus playas, sus bosques y las elevaciones rocosas donde golpeaba una y otra vez el mar. Por eso, no parece extraño que el arquitecto vanguardista haya detenido su mirada en las grutas de Punta Ballena e imaginado algo que entonces no existía en ningún lugar del mundo: piscinas en las rocas de la playa, algo que luego tomarían prestado los Club Mediterranée del Mar Mediterráneo.

En 1968, Flores se decide a comenzar este proyecto. Su diseño partía de la loca idea de perforar la roca viva, excavando 1.600 metros cúbicos.

Con Alfredo Rivas, un dinamitero de caminos, hicieron en tres meses una obra que, de algún modo, fue efímera pero que permanece en la memoria de los esteños. Una obra ambiciosa que debió luchar contra los infortunios: un mes antes de ser inaugurada, una tormenta se llevó todo el camino que había sido construido con sólo un camión y un compresor.

Así y todo, las piscinas de las grutas se abrieron el 24 de diciembre del 68 con la presencia del presidente uruguayo Pacheco Areco y algunos embajadores. Entre los funcionarios extranjeros, estaban los franceses que enseguida quisieron replicar la obra en sus costas. Por eso invitaron a Flores a Francia, donde estudió con el discípulo de Le Corbusier, Candilis. Las piscinas en las grutas de Punta Ballena sólo duraron cuatro años y fueron durante esos años un grán éxito turístico. En 1972 fueron demolidas.

Después, los intentos fueron sólo fracasos: se instaló una boite, una reserva de animales heridos, discotecas. Nada funcionó. Finalmente terminó como depósito de chatarra y basura hasta que se ordenó limpiar el área, volviéndola a su estado natural original.

Hoy las grutas donde estaba la Boite, están resguardadas por rejas por temor a posibles derrumbes. En la roca queda el testimonio de las piscinas secundarias, esculpidas en la piedra. Hoy la zona está en manos de los herederos de Antonio Lussich. Quizás el futuro les depare grandeza a las sesentistas excavaciones de Flores. Tal vez aquel ambicioso proyecto aún no esté concluido.

Fuente: Anuario coleccionable Punta del Este Internacional

Los anos loucos Das Gruta

Transcorriam os anos 60 e o mundo vivia uma ebulição até então poucas vezes vista. Todo estava mudando e todo devia ser trocado. Em Punta del Este, a vanguarda também observava com detenimento a cidade suas formas, suas praias, seus bosques e as elevações rochosas onde golpeia uma e outra vez o mar.

Por isso, não parece estranho que o arquiteto vanguardista tenha detido sua mirada nas grutas de Punta Ballena eimaginando algo que então não existia em nenhum lugar do mundo: piscinas nas cavernas, algo que logo tomariam emprestado o Clube Mediterrâne do Mar Mediterrâneo. Em 1968, Flores se decide a comenzar este projeto. Seu desenho partia da louca ideia de perforar a rocha viva escavando 1.600 metros cúbicos.

Com Alfredo Rivas, um dinamitero de caminhos, fizeram em três meses uma obra que, de algum modo, foi efêmera mas que permanece na memória dos estenhos. Uma obra ambiciosa que devio lutar contra os infortunios: um mês antes de ser inaugurada, uma tormenta se levou tudo o caminho que tinha sido construido com só um caminhão e um compresor. Assim e tudo as piscinas das grutas se abriram o 24 de dezembro do 68 com a presência do presidente uruguaio Pacheco Areco e alguns embaixadores.

Entre os funcionários extrengeros, estavam os franceses que logo quisseram replicar a nas costas. Por isso convidaram a Flores a França , onde estudou com o discípulo de Le Corbusier, Candilis. As piscinas nas grutas de Punta Ballena só duraram quatro anos e foram durante esses anos um grande éxito turístico. Em 1972 foram demolidas.

Depois, os intentos foram só fracasos: se instalou uma boite, uma reserva de animais feridos, discotecas. Nada funcionou. Finalmente acabou como depósito de sucata e lixo, até que ordenou limpar o área, tornado- a a seu estado natural original. Hoje as grutas estão resguardadas por grades por medo a possíveis derrubes. Na pedra fica a testemunha das piscinas secundarias, esculpidas na pedra.

Hoje a zona está nas mãos dos herdeiros de António Lussich. Quizá o futuro lhes depare grandeza às sesentistas excavaçöes de Flores. Tal vez aquele ambicioso projeto ainda não esteja concluso.
www.puntadelesteinternacional.com

Crazy years at the grottoes

It was the 1960s and the world was caught up in a whirling vortex rarely seen until then. Everything was changing and everything needed changing. In Punta del Este, the city’s leading lights were paying close attention to the city, its shapes, its beaches, its woods and the rocky outcrops the sea broke on again and again.

That’s why it’s unsurprising that the leading architect Samuel Flores should turn his eye to the Punta Ballena grottoes and imagine something that existed nowhere else in the world: swimming pools in the caverns, something which would later be borrowed by the Club Mediterrané in the Mediterranean Sea.

In 1968, Flores decided to initiate the project. His design started with the crazy idea of perforating the living rock, blasting out 1,600 m2. With Alfredo Rivas, a highway blaster, they produced a work in three months that, in some ways was ephemeral but which has lingered on in the memory of the locals. It was an ambitious work that had to fight against misfortune: a month before the opening a storm carried away the entire road that had been built with just one lorry and an air compressor.

Nevertheless, the grotto pools opened on 24th December, 1968 in the presence of the Uruguayan president, Pacheco Areco, and a few ambassadors. Among the foreign officials were the French who immediately decided to imitate the work on their coasts. That’s why they invited Flores to France, where he studied with Candilis, a disciple of Le Corbusier. The Punta Ballena grotto pools only lasted four years.

In 1972 they were demolished. After that all attempts were doomed to failure: a nightclub was set up, an injured animal reserve, discotheques. Nothing worked. It finally ended up as a scrap metal and rubbish tip until the area was cleaned up, restoring it to its original, natural condition. Today the grottoes are protected behind railings for fear of possible rockfalls. Amid the rocks remain traces of the smaller pools, sculpted out of the stone. Today the area is in the hands of the heirs to Antonio Lussich. Perhaps the future has the grandeur of Flores’s sixties excavations in store for it. It may be that this ambitious project is still unfinished.

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